La importancia de la psicología en el abordaje de la obesidad

La obesidad es un problema de salud de origen multifactorial, es decir, en su desarrollo influyen diferentes variables de carácter biológico, genético, social, contextual y psicológico. Actualmente, es considerada la epidemia del siglo XXI y en España la prevalencia de sobrepeso y obesidad en adultos es del 53% (Encuesta Nacional de Salud, 2017). La obesidad es considerada un factor de riesgo para el desarrollo de enfermedades físicas, pero también tiene un gran impacto a nivel psicológico.

Las personas que padecen obesidad experimentan una fuerte estigmatización social, muchas veces incluso por parte de profesionales sanitarios, derivada de la presión por alcanzar un ideal estético delgado que se asocia a mayor salud, felicidad y éxito. De ello pueden derivarse diversas consecuencias negativas que afectan a su salud psicológica, tal y como muestra el informe de la Sociedad Española en el Estudio de la Obesidad (SEEDO, 2015):

  • Disminución de su autoestima
  • Aumento de ansiedad y depresión
  • Fuerte insatisfacción corporal
  • Distorsión del propio cuerpo
  • Deterioro de las relaciones sociales
  • Desarrollo de conductas alteradas con la alimentación.

Todos estos factores pueden favorecer iniciar dietas restrictivas, así como otros comportamientos poco saludables, para modificar el cuerpo y el peso. Además de que la evidencia nos dice que la realización de dietas para la pérdida de peso fracasa hasta en un 95% de los casos, recuperando el peso perdido e incluso aumentándolo, iniciarse en una dieta es uno de los principales factores de riesgo para el desarrollo de un Trastorno de la Conducta Alimentaria. Generalmente, la persona con obesidad tiende a encadenar estas dietas con otras etapas de reganancia de peso, lo que a su vez se traduce en más altibajos emocionales y sensación de ineficacia.

El tratamiento psicológico gana progresivamente un mayor peso dentro del tratamiento de la obesidad. A pesar de que la obesidad no está recogida como un trastorno mental, existe evidencia de la influencia de diversos factores psicológicos en su desarrollo. Entre ellos se encuentran algunos rasgos de personalidad como la impulsividad, el estrés, hábitos de vida no saludables, falta de estructuración en la rutina diaria, así como dificultades en la regulación emocional. Por ejemplo, es frecuente encontrar en las personas que padecen obesidad la llamada “alimentación emocional”, es decir, recurrir a la comida como una forma de afrontar situaciones difíciles que generan emociones desagradables, intentando disminuirlas o suprimirlas, siendo en muchas ocasiones la comida la principal fuente de placer. La obesidad presenta a su vez una fuerte relación con un Trastorno de la Conducta Alimentaria, el Trastorno por atracón, en el que algunos estudios encuentran que hasta un 87%  presentan obesidad (Villarejo et al, 2012).

Por ese motivo, a través del tratamiento psicológico, siempre de la mano con una intervención nutricional, se puede mejorar no sólo la alimentación, sino también la relación del individuo con la comida, consiguiendo cambios que puedan mantenerse a largo plazo.

Desde el centro ITEM nos adherimos al comunicado presentado por la SEEDO-SEO, la SEEN y el COPC y abogamos por un cambio de paradigma en el abordaje de la obesidad. Entendiendo la Salud como la define la OMS: bienestar físico, psicológico y social, y buscando una mejoría global de esta, defendemos la intervención multidisciplinar donde se atienda a las dificultades físicas, pero también a las psicológicas, facilitando una mejor adherencia al tratamiento y un mantenimiento de los progresos a largo plazo.

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