La fuerza de voluntad para conseguir el cuerpo que deseas

¿Cuántas veces has pensado: “si tuviera fuerza de voluntad, podría seguir la dieta y adelgazar” o “mi problema es que no tengo fuerza de voluntad”? ¿Alguna vez has buscado en Google “como aumentar mi fuerza de voluntad para adelgazar”?. Tenemos un mensaje para ti: la fuerza de voluntad no existe. Socialmente existe la creencia compartida de que nuestro peso, llevar a cabo una alimentación sana y hacer ejercicio físico, es una cuestión de voluntad individual, liderada por el famoso mantra “si quieres, puedes”. Esta creencia pone toda la responsabilidad de la forma y tamaño del cuerpo en la persona, olvidándose de la multitud de variables que influyen en nuestra conducta.

A continuación, desarrollaremos alguna de variables que influyen en nuestro comportamiento diario y en las elecciones que realizamos.

Las creencias y pensamientos relacionados con uno mismo, con el mundo, con cómo se estructura la realidad, influyen en las conductas relacionada con los hábitos de alimentación. Por ejemplo, si la persona cree que, o lo hace perfecto, siguiendo las pautas de su dieta a la perfección, o un mínimo fallo supone un fracaso total, será fácil que se produzcan los ciclos de restricción-descontrol. Las creencias sobre uno mismo y su capacidad para cumplir los objetivos también son determinantes, es decir, percibirnos capaces de llevar a cabo las conductas necesarias para alcanzar nuestro objetivo. Por otra parte, limitar nuestras actividades con pensamientos como “cuando adelgace, podré salir a cenar”, disminuyen las posibilidades de obtener gratificaciones que mantengan un estado de ánimo favorable en el proceso.

Cómo nos hablamos, los juicios y críticas hacia nosotros y nuestras conductas, influirán en nuestro estado de ánimo y en la energía que tengamos para enfrentarnos a cambios de hábitos y retos. Aprender a tolerar los errores, a disminuir la autoexigencia, a hablarnos con respeto y cariño facilitará una actitud cooperativa con el proceso de cambio.

Variables de personalidad como el perfeccionismo, la impulsividad o la rigidez, son elementos que dificultarán el cambio. Será importante flexibilizar estos rasgos de personalidad y aprender estrategias para poder reconocerlos y gestionarlos.

Las estrategias de afrontamiento y nuestra capacidad de regulación emocional. En muchas ocasiones, cuando nuestros recursos de afrontamiento y nuestra capacidad de regulación emocional son limitados, la comida se convierte en la principal estrategia para hacer frente a situaciones o emociones desagradables. Desarrollar y potenciar otras herramientas de afrontamiento y mejorar nuestra identificación, comprensión y gestión emocional, nos ayudará en el proceso de cambio, quitándole poder a la comida.

Nuestra historia de aprendizaje, los hábitos que nos han enseñado en casa, cómo ha sido nuestra alimentación a lo largo de nuestra vida, las creencias que nos han transmitido en relación a los alimentos, es otra de las variables de gran relevancia en qué y cómo comemos en el presente. Poder reflexionar sobre los aprendizajes de nuestra vida, comprender su función, nos ayudará a entender mejor nuestro comportamiento.

La fuente de motivación, si esta es externa, potenciada por presiones sociales y del entorno, o si es interna, por la satisfacción u objetivos propios será determinante. Así como los objetivos que nos planteemos. Es importante que para que estos no sean una fuente de frustración y desmotivación cumplan las siguientes características: específicos, medibles, alcanzables y realistas.

El contexto es otra variable determinante en las barreras y dificultades que podamos encontrarnos. Contar con un entorno favorable, con apoyo social, disponibilidad de tiempo para hacer la compra, preparar la comida o hacer ejercicio físico, capacidad económica, entre otros, facilitará la consecución de objetivos. Por otra parte, los mensajes de marketing alimentario, que nos transmiten idean contradictorias en relación al valor emocional de la comida, asociando su consumo con emociones positivas (por ejemplo, el eslogan publicitario de una conocida marca de refrescos “destapa la felicidad”) y, en contraposición, la necesidad de modificar nuestro cuerpo para alcanzar el éxito y la felicidad, generan una disonancia ante la cual podemos vernos abrumados.

Estas son algunas de las variables que influyen en nuestros hábitos que, como podemos observar, está muy lejos del reduccionismo que conlleva creer que todo es “fuerza de voluntad”. Desde el centro ITEM podemos ayudarte a trabajar en ellas, a conocerte, comprenderte, desarrollar estrategias de afrontamiento y de regulación emocional adaptativas, así como a plantear objetivos realistas.

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